Lo peor que le puede pasar a un escritor, es saber que todo eso que está en su imaginación es imposible y despertarse cada día observando su cruel verdad. Son semidioses, incapaces de ser omnipresentes, omnipotentes y creadores, sólo pueden imaginarlo, pero no darle vida. Viven la impotencia y los límites de su pluma. Envidiando a los locos que aseguran que su realidad es la verdadera. Qué frustrante es ser un simple escritor cuando se desea ser Dios.

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